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¡Amo mi trabajo! Tomatillos. Blog Itacate‏.

Amo mi trabajo.

Hace unos días, fui invitada a ser parte de la selección de los platillos que se servirán en “Tomatillos”, como parte del evento “Noches de Verano”, en el cual ofrecerán un menú de degustación en este próximo mes de junio.

La experiencia, como dice la canción, fue casi religiosa.  La idea era hacer un simulacro de lo que será este evento, por lo que hicimos una reservación mi esposo y yo para el lunes a las 8 p. m.  Como buenos anfitriones, justo al llegar nos recibieron con una muy buena mesa puesta y dispuesta (por eso es importante reservar), con cuatro copas y más cubiertos que los del servicio tradicional.  Les confieso que al principio me preguntaba, “¿dónde estoy?”.  Apareció Alejandro, el dueño, para explicarnos la mecánica y decirnos que él estaría con nosotros entre tiempo y tiempo para hablar un poco de los vinos que se escogieron para cada platillo.  Nos explicó que el día que se lleve a cabo el menú de degustación, esto lo hará el sommelier Said Cepeda, que viene de Monterrey, para atender personalmente a la gente que ese día acuda.  Nos explicó con toda la paciencia y conocimiento de causa de qué constaba cada platillo y por qué se había escogido tal vino y las características del mismo.  Fue toda una cátedra acerca de maridajes, sabores, maderas, frutos negros y uuuuf, qué buen recuerdo nos dejó, no solo la comida que estaba exquisita sino la promesa que nos hizo que el saber “maridar” un platillo con un vino, lo hace aún mejor, porque potencializa los sabores. 

Y así, empezamos. 

De primer tiempo tuvimos un ceviche “Puerto Madero” con un Sutter Home White Zinfandel, que lo que obtuvimos fueron los cítricos del vino pues este ceviche está marinado con chimichurri.  Les cuento que yo soy fan de ese ceviche de Tomatillos pero nunca había encontrado tantos sabores, como el del orégano, que dicho sea de paso es cosechado en casa, como muchas de las hierbas finas que ahí consumimos.  Así que empecé a tomarle el gustito a la degustación.  De segundo plato, tuvimos una pasta verde, que era fusili tricolor con hongos, tomates deshidratados y cebollas fritas.  No se si pueda describir estos sabores pero llegó un momento en que pensé “¿y si cancelo todo y que de tercero y cuarto plato me traigan más pasta?  Luego caí en la cuenta de que era una locura y que después volvería por una pasta de esas que tanta culpa me da pedir pero…una vez al año, pues qué tanto es, ¿no?  Cuando apareció Alejandro y nos explica que las pastas, todas, las hacen diariamente en el restaurante, ya me quedó claro que lo único que puede resultar de tanto cuidado y esmero es un platillo exquisito.  Yo lo sé:  Materia prima de calidad más talento al cocinar, resultados de aplauso de pie.  Esta pasta venía acompañada de un Ventisquero Pinot Noir Reserva español, que resaltó aún más esa pasta con la que ya sueño.

De tercer tiempo ofrecen Bife de chorizo con mantequilla de chimichurri y coliflores fritas con una cremita con chipotle, acompañado de un Carmelo Rodero, Ribera del Duero, que llegó en un excelente momento de madurez de la cena.  Nos preguntaron qué término preferíamos para la carne, lo pedimos medio y así llegó.  Término medio, con una porción de mantequilla de chimichurri sobre la pieza, solo asado con sal de grano que se podía sentir al dar un bocado.  La guarnición me pareció genial y se agradece que dejemos las papas para otra ocasión.  La coliflor frita con chipotle, era perfecta para el caso.  Y justo cuando pensé que no iba a poder con todo, que qué barbaridad que me estaba excediendo, me acordé que de postre tendríamos un sorbete de fresa con grand marnier y trufa de chocolate amargo con un shiraz Little Penguin y me relajé.  Ya los sabores de este último vino combinado con el sabor del sorbete, hecho en casa, lo disfruté enormemente.  Terminamos con un café en prensa francesa, molido esa mañana ahí mismo en el restaurante.

La selección tanto de cocina como de vinos es excelente.  Las porciones, muy buenas sin ser poco o demasiado.  Realmente nos llevamos más que lo que esperábamos obtener.

¿Creen que fue demasiado?  Pues yo también.  Pero, cómo lo disfruté.  Es una experiencia que vale la pena tener de vez en vez y un privilegio tenerla aquí en los Laredos.  El precio, 600 pesos por persona.  Son…40 dólares.  Acabamos de pagar 100 dólares por persona en un evento igual en Laredo, Texas, pero ni por asomo tenía estos vinos, ni esta cocina.  Ojalá que vengan muchos, muchos eventos como estos a la ciudad y que más restaurantes se sumen al esfuerzo.  Nosotros prometemos estar ahí.

 

 

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